El fuego arrasó parte de un rebaño autóctono, símbolo de la sierra madrileña
El humo del incendio que devastó Tres Cantos y parte de Colmenar Viejo dejó no solo un paisaje ennegrecido, sino también un drama ganadero y patrimonial. Decenas de ovejas colmenareñas, una raza autóctona en peligro de desaparición, murieron atrapadas por las llamas, convirtiéndose en víctimas silenciosas de la catástrofe.
El ganadero Daniel Santos, que pastoreaba un rebaño de más de 600 animales, logró salvar 315 gracias a la rápida intervención de vecinos y equipos de emergencia. Pero la otra mitad no resistió el avance del fuego. “Fue imposible contenerlo, avanzaba demasiado rápido. Escuchar a los animales y no poder hacer más es algo que no se olvida”, relataba, visiblemente afectado.
Un patrimonio en riesgo
La oveja colmenareña no es un animal cualquiera: representa siglos de tradición ganadera en la Sierra de Madrid y su lana y leche forman parte del acervo rural de la región. En los últimos años asociaciones y ganaderos luchaban por preservar la raza, cuya población apenas supera algunos miles de ejemplares dispersos en pequeñas explotaciones.
El incendio ha supuesto un duro golpe para ese esfuerzo. Desde la Asociación de Ganaderos de la Colmenareña denuncian que “cada pérdida de animales es una pérdida de cultura, de biodiversidad y de identidad local”. Aseguran que el fuego ha puesto de relieve la fragilidad de un sector que ya sobrevivía con dificultades frente a la presión urbanística, la falta de relevo generacional y la competencia de la ganadería intensiva.
Para muchos vecinos, la tragedia animal simboliza la magnitud de lo ocurrido. “Nos duele ver el monte arrasado, pero saber que también han muerto ovejas que son parte de nuestra historia es devastador”, expresaba emocionada una residente de Colmenar.
Entre la solidaridad y la esperanza
Las redes sociales y colectivos rurales han impulsado campañas de apoyo para ayudar a los ganaderos afectados. Donaciones de pienso, voluntarios para limpiar los restos y veterinarios desplazados a la zona son algunos ejemplos de la ola de solidaridad.
El propio Daniel Santos agradecía los gestos recibidos: “Es duro, pero ver cómo se vuelca la gente nos da fuerza para seguir. La colmenareña ha pasado por momentos difíciles y siempre ha sobrevivido. Esta vez también lo hará”.
Mientras los técnicos analizan los daños ambientales y económicos, la historia de la oveja colmenareña recuerda que en cada incendio no solo se pierden árboles, sino también memoria, cultura y formas de vida.

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